Era el
primer día de vacaciones de las chicas después de su primer año en la
universidad. Helen estudiaba arqueología mientras que Niamh estudiaba medicina.
Las
chicas empezaron a abrir los ojos poco a poco por unas risas que se oían desde
el salón de su casa.
- Helen, ¿oyes esas risas? – pregunto
Niamh bostezando e incorporándose.
- Ajá – Helen asentía mientras se
giraba para darle la espalda a Niamh.
- Venga vamos a ver de quienes son… -
Niamh se levantó de la cama y empezó a tirar de la melliza pero en su intento
callo una encima de la otra haciéndolas rodar en la cama y cayendo al suelo, y
mientras las dos se retorcían de la risa en el suelo su padre y 5 chicos más
entraron corriendo a la habitación.
- ¡Niñas! ¿¡estáis bien!? – chilló
poniéndose de cuclillas para quedar a su altura. Niamh asintió como pudo entre
risas y Helen estaba soltando su carcajada tan característica mientras intentaba
quitarse a Niamh de encima – no si, no estáis buenas… - el padre rio negando
con la cabeza y levantándose ofreciéndole una mano a las mellizas las cuales
aceptaron gustosamente. Niamh al final consiguió parar mientras Helen seguía
retorciéndose de la risa – Helen, ¿de qué te ríes ahora?
- De que los cinco tíos esos de ahí que
están en la puerta – señalo a la puerta – ya saben de qué color son mis bragas
y no veas la cara que se le ha quedado al del medio – señalo a uno con el pelo marrón
chocolate acompañando a sus ojos.
Todos
rieron a carcajada mientras que el chiquillo se ponía colorado y agachaba la
mirada.
- Helen, mira que te digo veces que te
pongas pantalones aunque sea debajo de esa… gran… camiseta – le regaño su padre
– anda bajad a desayunar y ahora os presento.
Su padre
las empujo hasta la cocina donde se sentaron mientras, María, les preparaba el
desayuno, y es que esa mujer era como su madre desde que esta murió.
- Bueno chicas, estos son Harry – su
padre agarro del hombro a un chaval alto, con el pelo marrón chocolate y rizado
y con los ojos verde esmeralda que podían intimidar a cualquiera – Louis –
señalo a un muchacho con el pelo liso marrón y los ojos azules y con una
sonrisa perfecta que a Niamh llamo claramente la atención – Zayn – se colocó detrás
de un chiquillo que levantó la cabeza en forma de saludo, moreno, pelo tirando
a negro y ojos color miel al cual Helen no dudo dar un repaso con la vista –
Liam – señalo al moreno avergonzado de esta mañana - y Niall – señalo a un
rubio, alto, brazos fuertes y ojos azules en los que Helen se perdió al desviar
su mirada hacia él.
Niamh les
sonrió de vuelta y Helen les dirigió un hola con la mano mientras esta se metía
una cuchara con cereales en la boca.
- Y estas son mis hijas – se puso
detrás de las dos y las atrajo hacia si estrujándolas por sus hombros a lo que
Helen empezó a toser, ya que un cereal se fue por un mal sitio – Helen, la que
se está muriendo ahora mismo – dijo mientras le daba un par de palmaditas en la
espalda – y Niamh, la buena.
- Como si yo fuese mala y eso –
protesto Helen a lo que su padre ladeo la cabeza hacia los lados provocando así
la carcajada de todos, pero a Helen solo le llamo la atención de una de ellas,
la del rubio de ojos azules.
Los
chicos se sentaron a su alrededor ya que llamaron al padre de las chicas y ahí
fue donde se conocieron más, pero bueno, no todos, cierto rubio no podía quitar
la vista de esa preciosa chica que se había encontrado esa mañana retorciéndose
de la risa en el suelo mostrando sus bragas negras, claramente se había fijado.
Justo
cuando entraba el padre todos soltaron una carcajada porque Niamh y Helen
mostraron su baile de victoria cuando conseguían algo.
- Bueno, veo que se llevan bien… -
comento el padre de las chicas apoyándose en el marco de la puerta. Todos
asintieron menos Helen, y es que la morena se había dado cuenta que algo
tramaba su padre. – bien, porque estos cinco chicos de aquí se van a tener que
quedar aquí por un mes.
- ¡¡¿¿Qué??!! – salto Helen de la silla
a lo que todos se quedaron un poco sorprendidos.
- ¡¡¿¿Cómo!!?? – ahora Niamh acompaño a
su hermana en su gesto.
Los
chicos, un poco decepcionados por la reacción de las chicas agacharon la
cabeza.
Niamh que
se dio cuenta de su reacción intento arreglarlo.
- ¡Genial! – dio palmaditas acompañado
de una sonrisa. Todos la miraron con una sonrisa menos el rubio que seguía
decepcionado por la morena la cual miraba con ira a su padre. Niamh se fue al
lado de su hermana. – piénsalo Helen, ya sabes… ¡Fiesta de bienvenida! – Helen
se soltó del agarre que hacia su hermana en su brazo enfurecida y con genio.
- No – negó seria.
- Helen… - dijo Niamh en tono de súplica.
Helen no
dijo nada más, susurro un “lo siento chicos” antes de salir de la cocina y se encerró
en su habitación en la cual se vistió con un simple chándal y deportivas, bajo
trotando y se fue al patio trasero metiéndose en una mini-casa que se
encontraba allí.
“Mientras
tanto en la cocina…
- Niamh, lleva a los chicos a sus
habitaciones. – ordeno el padre pasando sus dedos por la frente – voy a buscar
a tu hermana – dijo cerrando los puños y con cierto tono de ira.
- ¡Papa! – chillo Niamh con la voz
temblorosa – ya la busco yo…
- NO, LA BUSCO YO HE DICHO – alzo la
voz asustando a todos los del lugar. Y así salió en busca de Helen.
Niamh les
hizo un gesto con la cabeza a los chicos para que las siguiesen.
Esta dejo
a Harry, Louis y Zayn en la habitación de tres que se encontraba enfrente de la
suya y de Helen y a Liam y Niall en la habitación de dos que se encontraba al
lado de la suya.
- Bueno chicos, me voy a vestir – les
dijo a los ultimo mientras salía de la habitación.
“En la
pequeña casa…
Helen ya tenía
sus nudillos sangrando de darle al saco de boxeo que coloco allí para poder
controlar su genio e ira. Todavía no se creía que su padre iba a meter a unos
extraños en casa, y es que en realidad a ella no le importaba pero no quería
cogerles cariño para que luego se fuesen y no les dijese nada y es que desde
que se murió su madre a la única a la que tenía cariño era a María y a Niamh.
Su madre
murió cuando ella era pequeña y ver como la dejaba sola le dolió.
En el
vigésimo golpe o más oyó la puerta cerrarse.
- Helen – dijo su padre con una mirada
llena de ira.
- Déjame papa, no tengo ganas de
discutir – le dijo ella después de haberse girado para seguir golpeando el
saco.
Sin
previo aviso el padre la agarro de los hombros la giro y le propino un tortazo
en toda la cara. Ella no dijo nada, solo se tocó la zona adolorida con su mano
sangrando aguantando la ira cuando su padre volvió a propinarle otro golpe. La
morena no se contuvo y dejo la marca de su sangre en la cara de su padre,
dejándolo en el suelo, y es que a veces no llegaba a controlar su ira y sacaba
una fuerza que ni siquiera ella conocía.
- No vuelvas a tocarme – se fue de allí
hacia casa dando pisoteadas grandes mientras sus nudillos goteaban sangre.
Entro en
el salón y Niamh corrió hacia ella mientras todos miraban horrorizados sus
nudillos y sus mejillas adoloridas.
- ¿Y papa? – le pregunto Niamh
agarrándole de las manos para no seguir goteando el suelo.
Ella le
lanzo una mirada a Niamh con la cual lo supo todo y cuando vio a María con la
fregona para limpiar la sangre.
- Déjalo María, ahora lo limpio yo, voy
a curarme esto ¿vale? – dijo con un intento de risa aunque sus ojos ya le
ardían. María asintió y se lanzó a sus brazos pero Helen se apartó con un
quejido.
- ¿Qué te pasa? – le pregunto María.
- Ehm… nada… - dijo ella nerviosa –
ahora vengo, y… no se asusten chicos, - soltó una carcajada – solo son unas
heridillas – lo que Helen es que el rubio había divisado algo más, pero
prefirió callarse.
Se fue al
cuarto de baño y en cuanto cerró la puerta y se metió en la ducha no pudo evitar
llorar a lágrima viva viendo el moratón que le había dejado su padre hace un
par de días.
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